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Pirámide Invertida: Poniendo a las personas en Primer Lugar

¿De qué se trata esta famosa pirámide al revés? ¿Qué nos puede ayudar a hacer mejor en Temuco, Concepción, Santiago y otras ciudades chilenas?

¿Será la nostalgia no más o el mundo está comenzando a cambiar, hacia un modelo de ciudad más amistosa con lo humano y lo natural?

A fines de la segunda guerra mundial, volvían los soldados a EEUU. En ese momento, el gobierno no sabía qué hacer con ellos. Las mujeres habían entrado ¡con mucha fuerza! a trabajar y, por otro lado, hombres pobres, hombres negros, indígenas y de otras etnias se habían destacado como héroes en la guerra. Algo se tenía que hacer.

Nacieron así programas de educación para los veteranos, programas de salud y, sobre todo, programas de vivienda, en nuevos suburbios jardines que se comenzaron a construir. Se requería de un automóvil para llegar, y así la vida alejada, a motor y sobre ruedas, nació como el sueño americano.

No es que el auto no tenga su lugar: ¡pero no puede tener todo el lugar disponible! Los beneficios de los autos suelen ser personales, mientras los costos — buses lentos y atochados en los tacos, ciclistas sin espacio por donde ir, mujeres y niñas sin poder andar en bicicleta, peatones muertos, y mucha gente discapacitada — son sociales.

Con los años, este modelo de ciudad/sociedad se repartió por el mundo, como visión de “modernidad”, de “progreso”, de lo deseable. Como los cigarrillos, requirió billones de dólares en publicidad, pero se posicionó al automóvil como el artefacto esencial para marcar la diferencia, el “estatus”, el progreso social y económico. Hoy, vivimos con ciudades atochadas de automóviles. Los niños no pueden jugar ni andar libremente. Se botan árboles y casas para ensanchar las calles y construir en altura, sin tomar en cuenta que todo ser requiere de áreas naturales para su salud mental, física y su buen desarrollo. Las veredas se llenan de postes y servicios, dificultando el movimiento a peatones, personas con discapacidad o coche para el bebé, en fin, toda la ciudad se dedica a servirle al automóvil, y hasta se culpan a niñ@s y adultos, si alguien manejando un automóvil a exceso de velocidad les mata o descapacita.

Pero ya nació la rebeldía contra una injusticia de tanta envergadura. Desde Delhi a Santiago, y en todo el mundo, las comunidades buscan revertir los peores efectos de la “automovilidad”: esta dependencia total del automóvil particular para moverse y las ciudades. No es que el auto no tenga su lugar: ¡pero no puede tener todo el lugar disponible! Los beneficios de los autos suelen ser personales, mientras los costos — buses lentos y atochados en los tacos, ciclistas sin espacio por donde ir, mujeres y niñas sin poder andar en bicicleta, peatones muertos, y mucha gente discapacitada — son sociales y, en el caso de los daños por ruido, al agua y al aire, ambientales.

Esto, además, en ciudades donde la mayoría de los hogares — un 60% en Santiago, por ejemplo — no tiene automóvil, y donde la mayoría de los viajes aún se realizan a pie o en bicicleta.

Así nace, de parte de un laboratorio danés de innovación, este “pirámide del tráfico al revés” que busca poner al transporte activo — peatones, ciclistas, ciclotaxis y ciclocarga — en primer lugar, luego el transporte colectivo y público, seguido por el auto personal. Gustó harto durante la participación en Nueva Alameda Providencia. En las páginas siguientes, exploramos como las ciudades están avanzando en este tema, en muchas partes del mundo.